lunes, 23 de septiembre de 2013

Las raíces de la fotografía, por extraño que pueda parecer, se remontan, en occidente, a la época de los griegos. Ya entonces se conocían los fundamentos de la cámara oscura, aunque la teoría sobre la visión vigente en la época, postulada por Aristóteles y Euclides, no permitía una correcta comprensión de la misma. Según ésta, los ojos proyectaban rayos luminosos dirigidos hacia los objetos y no viceversa. En el siglo X, un erudito árabe llamado Alhacén escribió el primer tratado de óptica en el que se desmentía esta teoría y se incluía una descripción precisa del funcionamiento de la cámara oscura
Las cámaras no siempre fueron tan modernas como los son hoy en día; si no que partieron de un modelo bien simple y primitivo.



Alrededor del siglo XVI y del XVII se usaba la cámara oscura, provista de un objetivo montado en una caja portátil; el dibujante se situaba en el interior de una especie de carpa negra a través de uno de cuyos lados asomaba el objetivo.

Pronto la cámara oscura pasó a llamarse cámara fotográfica o simplemente cámara.

Los primeros modelos consistían en dos grandes cajas de madera que se deslizaban una dentro de otra para enfocar. En un extremo se hallaba el objetivo y en el otro un vidrio que hacía de pantalla de enfoque y que, luego, se sustituía por la placa fotosensible al hacer la toma. La máquina se usaba siempre sobre un soporte y no pudo sujetarse a mano hasta que no se lograron películas lo suficientemente rápidos como para contrarrestar las vibraciones del pulso. Imagínense lo incómodo que era en este tiempo.

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A partir de 1936 comenzaron a aparecer cámaras más parecidas a las actuales.
Actualmente los únicos modelos que sobreviven son de extraordinaria calidad y los usan, en mayor parte, los profesionales.
Las cámaras de la actualidad incorporan los mejores adelantos tecnológicos para nuestra comodidad

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